Diciembre, después de las ocho de la tarde, fuera la brisa corta la piel de los transeúntes, el rocío a la sombra no se no se ha secado y ya se empieza a helar. Una hoja de periódico, un montón de sarmientos, algunos troncos finos de la poda del laurel y un buen tronco de roble, retorcido y hendido para facilitar su combustión.
El tiro abierto, una cerilla encendida y dejar hacer. La chimenea tiene que ser normal no me valen esas acristaladas como hornos microondas, que nos evitan el olor, el crepitar, el humo y hasta el excitante riesgo de que una pavesa deje su firma en la alfombra.
El tiempo se detiene y el cerebro ralentiza su labor, no es capaz de producir nada negativo. La realidad se pierde sin remedio mirando el fuego hipnotizadamente como un tonto mira la televisión.
A los que no nos gusta ir a la nieve el único placer que nos brinda el frío es el librarte de él delante de un buen fuego.
(La ponsetia esta ahí por que los Sres. comerciantes se empeñan en que cada año llegue antes la navidad)